Ningún otro país
de Centroamérica presenta una población negra tan
visible e integrada como Panamá.
Cuenta la historia que
los primeros africanos en llegar al istmo formaron parte de las
tripulaciones españolas de Colón, Bastidas y Balboa,
aunque muchos antropólogos e historiadores afirman que ya
había negros en Panamá antes de la colonia europea.
Miles de esclavos arribaron
a través de los puertos caribeños de Portobelo y Nombre
de Dios, muchos de los cuales escaparon a las montañas para
fundar comunidades de cimarrones (conocidas como palenques). Poco
a poco, se fueron mezclando con los españoles e indígenas,
al mismo tiempo en que introducen elementos esenciales del folklore
panameño.
Una nueva oleada de
negros, esta vez trabajadores libres de las Antillas, llegó
a Panamá entre finales del s. XIX y principios del XX para
trabajar en la construcción, tanto del Ferrocarril como del
Canal de Panamá.