El pueblo
caribeño de Portobelo, en la provincia de Colón, se
convertirá en un mar de púrpura entre el 21 y el 22
de octubre, cuando literalmente cientos de devotos –luciendo
túnicas semejantes a las de su santo patrón-- colmarán
la pequeña ciudad para agradecer al Cristo Negro por los milagros
del último año.
La fiesta
del Cristo Negro, que se ha realizado durante casi tres siglos, es
una mezcla de fe profunda y coloridas tradiciones populares. Gateando
y muchas veces llevando pesadas cruces, cientos de devotos de todas
partes del país viajan kilómetros para participar en
la actividad, que inicia a medianoche (21 de octubre) con una lenta
procesión por las estrechas calles de la población,
en la que los portadores de la estatua caminan tres pasos hacia adelante
y dos hacia atrás. Al final de la procesión, los peregrinos
participan de una alegre fiesta caribeña en las ruinas coloniales
de la ciudad, en la que abunda la música y las comidas condimentadas
típicas de la región.
Aunque
muchos católicos panameños harían lo que fuese
necesario para llegar a Portobelo (antes de la construcción
de carreteras en el área, no pocos viajaban por mar), nadie
sabe cuándo llegó el Cristo Negro a ese lugar. Una leyenda
dice que, en alguna parte del s. XVIII, la estatua fue enviada de
España a Cartagena de Indias (Colombia). El mal tiempo obligó
a la nave que la transportaba a buscar refugio en Portobelo, lo que
siempre ocurría cuando el barco intentaba retomar su rumbo
original. Los marinos, interpretando el fenómeno como la voluntad
del santo, decidieron lanzarlo al mar, donde fue rescatado por pescadores
de la localidad.