A muchos
panameños de cierta edad les cuesta creer que lo que hoy alberga
el creciente y activo centro bancario y hotelero de la ciudad fue
uno de los barrios residenciales más hermosos de Latinoamérica
hace sólo 40 años.
Los turistas
que exploran la movida zona de restaurantes entre Calle Uruguay y
Calle 50, por ejemplo, encontrarán que, justo al lado de impresionantes
rascacielos, muchos de los restaurantes y boutiques que visitan son,
de hecho, casas remodeladas con techos de teja roja, paredes decoradas
con canto rodado y amplios ventanales en forma de arco.
Una caminata
a lo largo de las calles arboladas al oeste de la Avenida Federico
Boyd revelará un número mayor de estas singulares residencias,
algunas de las cuales aún están habitadas, mientras
que otras dan la bienvenida a clientes de abogados, médicos
y contadores.
Al dar
direcciones, los panameños suelen describir las casas de Bella
Vista como "coloniales". Lo cierto es que lo que algunas
personas describen como "arquitectura bellavistina" es en
realidad, una mezcla de estilos. Su influencia más visible
proviene de las antiguas "misiones" españolas de
California, al igual que los sencillos estilos residenciales de la
antigua Zona del Canal, y adaptaciones de la arquitectura neoclásica.
En la
mente de los citadinos mayores de 50 años, Bella Vista es sinónimo
de grandeza y sofisticación. Era este el barrio de las familias
pudientes de la ciudad que, después de 1915, abandonaron sus
antiguas mansiones coloniales en las estrechas calles de San Felipe
para radicarse entre el sector de La Exposición y Playa Peña
Prieta, popular balneario que ahora se encuentra debajo del asfalto
de la Avenida Balboa.
El nuevo
barrio tomó su nombre de la empresa constructora de propiedad
estadounidense que levantó sus primeras casas sobre amplias
avenidas y parques que se extendían hasta la loma de La Cresta,
dominando la bahía de Panamá.