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La fruta del árbol de calabaza |
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“a primera vista pensé que los tazones y vasos estaban hechos de plástico” |
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Totumas, el arte perdido de Panamá |
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Por David Dell UN DÍA MIENTRAS estaba sentado en el Café Essenzia en Volcán, mi buen amigo Iván Flores llegó y dejó caer sobre la mesa una pila de tazones de madera. "Debes escribir sobre esto David," me dijo, "estás son Totumas. La confección de estos tazones se está convirtiendo en un arte en vías de extinción aquí en Panamá."
A primera vista pensé que los tazones y vasos estaban hechos de plástico, debido a que eran apilables, fuertes y tenían un acabado que parecía hecho con máquina. Iván me explicó que estaban hechos del árbol de calabaza. Él me dijo que en épocas pasadas casi todo el mundo servía ensaladas, arroz o maíz en totumas, pero con la llegada de los plásticos importados más baratos, el conocimiento de cómo confeccionar estos utensilios únicos fue desapareciendo. Iván me dijo que conocía a una mujer que vivía cerca del pueblo de Concepción en Chiriquí, que todavía hacía totumas, así que fuimos en busca de una de las últimas artesanas del arte de hacer totumas. Diez minutos al oeste de Concepción está el pequeño poblado de La Colonia, la carretera pavimentada llega hasta la escuela local y en el accidentado tramo por un camino de tierra, Iván divisó varios árboles de calabaza. Él haló hacia abajo una de las ramas y me pasó un gran fruto verde. Quedé asombrado de lo dura que es la corteza –tan dura como la de un coco. Al llegar a nuestro destino vimos humo saliendo de un horno tradicional de piedra, llamado "fogón" y vimos a un hombre sentado sobre un pequeño taburete quitando la cáscara de una gran pila de mazorcas. Luego Iván me presentó a Enidina Saldaña, de 55 años. Ella aún hace y vende los tazones de calabaza y estaba feliz por enseñarnos todo el proceso.
Ella cortó el duro cascarón de la fruta con una sierra para metal. Luego laboriosamente removió la pulpa con una gran cuchara de metal para cocinar. Este proceso puede tomar de 6 a 8 horas. Se raspan la cáscara interna y externa hasta que queden lisas y entonces la totuma está lista, sin necesidad de sellar o barnizar la misma. Increíblemente, luego de su arduo trabajo, Enidina sólo cobra alrededor de $1.50 por tazón grande. Con una limpieza regular, estos tazones y vasos deben durar de unos veinte a treinta años. La vida de ella y su familia es sencilla –tiene energía eléctrica, pero obtienen agua de un pozo y la mayoría de los alimentos primordiales son cosechados a unos pasos de su casa; incluyendo plátanos, naranjas, maíz, yuca, caña de azúcar y pimientos dulces. Ella dice que utilizamos demasiados químicos en nuestra vida diaria. En su área, los casos de cáncer de seno y próstata son tan pocos que prácticamente no se escucha de ellos. Lo saludable que es este modo de vida fue evidente cuando ella nos presentó a su madre de noventa años. Aún cuenta con buena salud, puede caminar y con una clara agudeza mental. Las totumas tienen otra sorprendente aplicación siendo localizadoras de agua subterránea. Unos amigos me dijeron que sus constructores pusieron más de una docena de totumas boca abajo, en el suelo, hasta el día siguiente. La mañana siguiente al voltear los tazones, notaron algunas totumas tenían gran cantidad de humedad debajo, lo que les indicó que allí debían cavar el pozo –y así lo hicieron exitosamente. Las totumas son más que una curiosidad para los turistas, son parte de una gran fuente de sabiduría práctica aquí en Panamá. Debemos asegurarnos que las costumbres y artesanías antiguas no sean olvidadas. |
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