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Visitando de nuevo a Bocas del Toro |
Por David Dell
La primera vez que visité Bocas del Toro fue el siglo pasado (en realidad fue en 1997), por lo que estaba curioso por ver si las cosas habían cambiado en los últimos diez años. Para serles honesto, Bocas no goza de la mejor reputación, mayormente debido a la afluencia de "vendedores de pantano de la Florida" que han estafado a quien sabe cuántos soñadores, quitándoles sus ahorros de toda una vida. El gobierno panameño se ha encargado de detener a estos inescrupulosos promotores. Hoy en día hay estrictas regulaciones que rigen la venta y mercadeo de nuevos proyectos en esa área. El comprador aún necesita estar enterado y ejercer más que la usual solicitud cuando va a comprar en el área de Bocas. El "Derecho de Posesión" de tierra sigue siendo el principal estandarte y la mayoría de los expertos aconsejan evadir los terrenos sin título y particularmente a las personas que parecen especializarse en estas dudosas iniciativas.
¿Ida y vuelta a Bocas en un día? Para mi viaje de regreso a Bocas me puse en camino junto con el dueño del café local, Mike Bradford, del Café Montana en Volcán. Salimos de Volcán a las 4:30 de la mañana y nos dirigimos por la carretera Panamericana hacia Concepción. En el camino pasamos un accidente cerca de Cuesta de Piedra. Unas personas que regresaban tarde de una fiesta en David, se salieron de la carretera destrozando su automóvil –afortunadamente no hubo ningún muerto. Al pasar por David y girar en la carretera hacia Changuinola, el amanecer se asomaba de entre las colinas. La niebla se empezó a desplazar como fantasma en espiral por los valles y el sol de la mañana matizó la parte superior de las nubes con su suave y cálida luz. Me habían dicho que manejar por la cordillera era algo que tenía que ver y que no me decepcionaría. Desde el tope de la cadena de montañas se puede mirar atrás y ver el sol de la mañana tocando la cima del Volcán Barú y más allá se puede apreciar Puerto Armuelles y el Océano Pacífico. No me había percatado que la carretera a Bocas te lleva justo por encima de la represa Fortuna. Este es otro lugar donde detenerse y tener uno de esos momentos Kodak. Las instalaciones de la hidroeléctrica Fortuna es la segunda maravilla de ingeniería de Panamá, después del Canal. Esta gigantesca represa e instalación generadora de energía proporciona casi la tercera parte de la electricidad utilizada en Panamá.
Pronto usted cruza la frontera desde Chiriquí y entrará a la provincia de Bocas del Toro. La carretera se enrolla bajando suavemente y luego de pocas horas se verá saludado por las vistas de la ensenada de Bocas. Almirante es un típico pueblo de un puerto caribeño. Húmedo, destartalado y con ese aire impregnado con el olor de aguas residuales no tratadas en sus calles. Esperábamos llegar a tiempo para el ferry de las 9:00 a.m. y para nuestra buena fortuna, aún estaba anclado en el muelle. La dicha se evaporó rápidamente cuando nos dimos cuenta que el ferry estaba fuera de servicio y tuvimos entonces que tomar un taxi acuático a Bocas. Los taxis acuáticos son rápidos, tomando solo 25 minutos en cruzar la bahía por sólo $3.00 por persona, bastante asequible. El sol estaba subiendo rápido y a las 9:00 de la mañana la temperatura estaba a 85º F. Al llegar a Bocas mi primera impresión fue que el agua alrededor del muelle estaba limpia y clara. Diez años atrás recuerdo que estaba oscura y poluída. La parte de los muelles también había cambiado, había dos o tres edificios nuevos sobre pilotes en la bahía. Mi segunda impresión fue que Bocas había sido limpiado –es cierto, aún había algunas chozas en ruinas a punto de colapsar, pero el pueblo contaba con muestras de prosperidad. Si hubiera calles de arena y docenas de carritos de golf eléctricos, entonces estaríamos en el muelle Ambergris de Belice. Así como su contraparte Beliceña, Bocas aún sigue atrayendo principalmente a mochileros y europeos. Fui a dar un paseo por la polvorienta calle principal, pasando por docenas de tiendas de recuerdo y cafeterías. Para ser honesto, no había mucho cambio. Aún seguía con ese ambiente de tranquilidad y se sentía muy bien estar de vuelta.
Sunset Point. Mi regreso a Bocas luego de diez años fue una placentera sorpresa. Creo que me gusta más ahora que cuando lo visité la primera vez. Afortunadamente los precios aún están asequibles y aún se puede caminar en shorts y sin afeitarse, sin sentirse mal vestido.
Bocas aún sigue siendo un gran lugar para fiestar. Lamento haberme perdido las carreras de cangrejos que se llevan a cabo en un bar de la localidad –lo que nos dice que la vida nocturna en Bocas es de alguna manera sencilla y poco sofisticada. Pero las playas son increíbles y parece que los problemas de polución del agua están solucionados. Como visitante, les recomiendo pasar algunos días en este pueblo de la costa del Caribe, ya que este es un pueblo único en todo Panamá. |
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