Un "restaurante-destino"
certificado
Un
‘restaurante destino’ es definido como "aquel con
un chef o cocina tan excepcional que los clientes están dispuestos
a viajar a un lugar sólo para probarlo"…"donde
la comida y el servicio se combinan para crear una excepcional aventura
culinaria"…y, "debido a la complejidad de la comida
y el bien entrenado staff, los precios pueden ser más altos
de lo usual." Con este criterio en mente, yo diría,
sin ninguna duda, que "ten bistro" es un restaurante destino
certificado.
Ubicado
en el lobby del elegante Hotel DeVille, este magnífico restaurante
es claramente uno de los tesoros culinarios de la ciudad de Panamá.
Se ve el toque del Chef Fabien Migny tanto en la alta cocina de
sus platos, así como en el servicio ofrecido por un bien
entrenado y atento staff junto con la elegante y pulcra decoración
del salón de banquetes.
“Todas
las entradas eran excepcionales tanto en sabor como en presentación,
especialmente los ostiones” |
Mientras
que las extremadamente eclécticas selecciones del menú
eran tentadoras, mi grupo se rindió a las sugerencias del
Chef Migny. Comenzamos con una, increíblemente ligera, Sopa
de Lentejas que tenía un gran sabor al tener una infusión
de camarones y rodajas de una espectacular Salchichón ahumado
($8.50). Las entradas consistieron de Calamar Asado, aros de calamar
caramelizados y apanados ($8.50); Ostiones a la Cacerola ($9.50)
servidos con mantequilla de hierbas, ajo confitado espolvoreado
con queso parmesano, y Tuna Sashimi ($8.50) en una salsa gelatinosa.
Todos eran excepcionales tanto en sabor como en presentación,
especialmente los ostiones...muy suculentos, su sabor fue deliciosamente
mejorado por la aplicación de otros ingredientes . Si estos
platos eran la base para juzgar la comida que venía, entonces
se avecinaba una cena muy especial.

Bob Stiff (segundo, de izquierda a derecha) y sus amigos.
Y así
fue.
Mi grupo
de cuatro personas compartió un Filete de Mero ($10), un
gran filete de pescado, cocido en leche de coco servido en una ligera
cama de curry y vegetales en julianas al vapor. El leve toque de
curry se mezcló con la leche de coco para producir una reducida
salsa que fue el perfecto complemento para este delicado y escamoso
pescado. Esta fue una exótica y altamente exitosa mezcla
de sabores. A continuación probamos un Bistec New York a
la parrilla ($22), servido con una reducción de vinagre balsámico,
espárragos salteados, hongos con cebollas caramelizados.
La carne tenía un fuerte "sabor a bistec", indicando
un corte de primera y además estaba perfectamente asada.
Los vegetales estaban deliciosos y bien mezclados con el sabor del
vinagre balsámico.
“Ubicado
en el lobby del elegante Hotel DeVille, este magnífico
restaurante es claramente uno de los tesoros culinarios de
la ciudad de Panamá” |
La Costilla
Asada a la parrilla ($25) era grande, estaba perfectamente preparada
y jugosa. Mientras el menú decía que venía
con una salsa Béarnaise, ésta fue pasada por alto
por el staff de la cocina. Sin duda alguna este descuido pudo ser
corregido al instante, pero la carne en realidad no necesitaba ningún
añadido. Estaba perfecta. Las crujientes papas que estaban
sobre los pedazos de carne, aunque muy decorativas, estaban algo
sobre-cocinados lo que los hacía difíciles de cortar.
Menos tiempo de freído hubiera corregido esto fácilmente.
El plato
final, Costillas de Cordero ($29) fue un clásico ejemplo
de la frase 'guardar lo mejor para el final'. Nunca había
visto cordero en menú aquí en Panamá y además
fuimos deleitados por el servicio de alta calidad de "ten bistro".
Delicado, sabroso, extraordinario... todas estas palabras describen
este plato. Servido con una salsa de mostaza, berros salteados,
bacon y patatas enanas en rodajas, fácilmente se ganó
el título de "mejor plato de la noche" de forma
unánime.
Por supuesto,
no todo acabó allí. Una página de tentadores
postres esperaban nuestra elección. El más inusual
era el Dulce de Caramelo de Chocolate con Frambuesa y Helado de
Albahaca ($6.50). No, no ha sido un error de escritura... era helado
de Albahaca. Y sorpresivamente estaba delicioso. El menú
decía que era un ‘sorbete’, pero la textura era
definitivamente cremosa y el sabor marcado, un helado diferente.
La Tartaleta de Manzana con crema de Almendra ($6.50) era delicada,
la corteza de masa estaba buena y ninguna de las dos estaba muy
dulce.
La Tarta
de Fresa ($6.50) consistió de fruta azucarada mezclada con
una crema de queso llenando una delgada corteza de masa. Buena,
pero no sobresaliente. Finalmente fue servido y disfrutado el Nougat
Glacer ($6.50), una pirámide de rico Turrón rodeado
por un estanque de deliciosa salsa de fresa.
Sólo
tengo una queja compartida por todo mi grupo, el nivel de ruido.
La elegante y moderna decoración de ten bistro tenían
un precio... superficies duras que en vez de absorber, reflejaban
el ruido. Había veces que era más sencillo escuchar
la conversación de una mesa adyacente que la mía propia.
Si es más difícil escuchar, más fuerte se tiene
que hablar. Al final de la velada, el atestado salón comedor
sonaba como una competencia de gritos. Hay que hacer algo para corregir
esto, ya que ten bistro y su encantadora cocina, como una bella
joya, merece sólo las mejores monturas. Sólo por esta
razón, este restaurante fue premiado con la mitad de la estrella
que faltaba.