A TODA VELA
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"Mucho
más que tapas y fusión"
"A
Toda Vela" puede ser descrito sencillamente: es una joya esperando
ser descubierta. Abierto desde hace sólo dos meses, esta
pequeña joya de restaurante ofrece lo que es descrito como
"tapas y fusión", pero es mucho más que
eso... mucho más.
Su propietaria
y chef, María Gabriela Masís, combina un toque de
sabiduría con ingredientes familiares y los convierte en
obras maestras en miniatura con sus sabores y texturas.
Situado
en el piso principal de un edificio residencial de la Calle 47 en
Bella Vista, este acogedor y moderno restaurante ofrece un menú
que va desde lo sencillo a lo sublime.
Tentados
por una deliciosa tapa de terrones de tortilla a la Española,
pasamos a los Canapés de Salmón ($4.75), un plato
de increíblemente frescas tajadas de salmón estilo
sashimi, que literalmente se derretían en nuestras bocas.
Los Pinchos de Pollo y Pinchos de Filete ($4.60 y $5.00 respectivamente),
consisten en grandes pedazos de pollo marinado, asados perfectamente
a la parrilla, y de carne en el otro caso, cada uno intercalado
con vegetales al dente colocados sobre una deliciosa mini ensalada.
El pollo tenía un rico sabor ahumado, mientras que la carne
estaba tierna y jugosa. Definitivamente un buen comienzo.

La barra
de ensaladas de la casa no fue mencionada en el menú en idioma
inglés, pero hágase un favor y ordene la Ensalada
Japonesa ($9.25), que es una delicada mezcla balanceada de tuna,
calamar, pepino, lechuga y tomate, a la cual se le añade
wakame, una alga marina japonesa que eleva lo que ordinariamente
sería una buena ensalada a otra categoría. Fue una
agradable ganadora. Luego sin advertencia, la Chef Masís
mejoró aún más la selección en nuestra
mesa con varias porciones grandes de comida. Los Langostinos Estilo
Thai ($16.50) consistieron en tres enormes gambas bañadas
cuidadosamente en salsa de curry que le añadía un
sabor cálido mientras se mantenía suave –un
ingenioso truco. Róbalo ($12.00) una gran porción
de este sabroso pescado que tiene un suave sabor, mejorado enormemente
por la reducción de vinagre balsámico que lo rodeaba.
Mi única desilusión con este plato en particular fue
la escasez de la brillante salsa, lo que hubiera hecho que el mismo
fuera rico y delicioso. El Filete a la parrilla con salsa de pimienta
verde ($12.00) fue servido tal como fue pedido: un término
medio que casi se derretía al menor roce con el cuchillo.
El hecho de que estuviera jugoso, perfectamente cocido y con una
porción más que suficiente, sólo añadió
más placer a lo que un buen corte de carne debe ser. Otros
restaurantes en la ciudad de Panamá que aseguran servir estupendos
filetes pueden aprender una lección de la Chef Masís
en lo que se refiere a la elección de la pieza y el método
de preparación. Como buen amante de los filetes que soy,
me pareció que el filete pudo ser servido sin la salsa de
pimienta verde. La salsa estaba buena, pero el filete estaba lo
suficientemente sabroso para poder ser servido sin ella. La próxima
vez, ordenaré que la salsa me sea servida aparte.

La chef del restaurante, María Gabriela Masís, disfruta
de sus creaciones en la cocina.
Finalmente,
probamos uno de los platillos de pasta, Spaghetti con Langostinos
($12.50). La pasta resultó estar perfectamente al dente con
una fresca y abundante salsa de tomate que rebozaba en suculentos
camarones. La próxima vez que ordene este plato, le pediré
a la chef que mezcle la pasta con aceite de oliva o mantequilla
antes de añadirle la salsa, para los que tienen un ritmo
lento al comer permita que las hebras de pasta estén separadas.
El aire acondicionado no es amable con la pasta cocida haciendo
que se pegue y este plato merece que sea disfrutado lentamente.
La comida
finalmente terminó de aparecer desde la cocina y decidimos
que el postre sería demasiado para la buena comida que habíamos
disfrutado. Además, parece que cada restaurante en esta ciudad
sirve las mismas cosas –cheesecake, tiramisú, flan,
etc. No haga esta falsa suposición con A Toda Vela y definitivamente
ordene un postre. El Brownie con Helado y Sirope de Caramelo cubierto
con Crema Batida fue cálido, delicioso y encantador. Pero
también está el Flambé de Banana que detuvo
cualquier conversación en la mesa mientras compartimos entre
los cuatro esta increíble creación –bananas
cortadas a lo largo, suavemente salteadas, mezcladas con licor de
banana, y con lo que creo era helado –honestamente había
parado de tomar notas en este punto, al estar involucrado con el
sabor de esta excelente creación.
El personal
de A Toda Vela no cometió ningún paso en falso en
toda la velada. El restaurante ofrece una encantadora decoración,
y un rápido y atento servicio, además de una lista
de vinos que es tanto extensa como asequible, por lo que debo preguntar:
¿Qué está usted esperando? A Toda Vela y la
Chef Masís merecen su visita y sus elogios.
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Exclusividad
y confort cerca de la acción

Modelo Villa Elena.
Si bien
es cierto que muchos extranjeros están adquiriendo propiedades
en apartadas comunidades de playa o montaña, muchos otros
prefieren estar cerca de la acción y vida cosmopolita de
la ciudad de Panamá.
Para
ellos está The Hilltop, un exclusivo proyecto situado en
la verde comunidad de Chapala, a sólo 25 minutos del centro
de la capital.
Chapala
se encuentra en el distrito de Arraiján, el área suburbana
de mayor crecimiento del occidente de la capital, que comunica con
la metrópolis a través del Puente de las Américas
y el Puente Centenario. El proyecto se encuentra a escasos 15 minutos
de la ciudad de La Chorrera, población con una cada vez mayor
oferta de compras y gastronomía.

Modelo Gardenias.
Las
playas y centros turísticos de montaña están
a menos de una hora del proyecto.
Para
mayores detalles, llamar al: (507) 270-4032 o visite la página
www.qualityhomespanama.com
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Los Mandarinos
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Un lugar
de ensueño en El Valle de Antón

Arquitectura que armoniza con el paisaje.
En un
paradisíaco rincón de El Valle de Antón, usted
encontrará Los Mandarinos y la Casa de Lourdes, un acogedor
conjunto de villas y restaurante, cuyo diseño fue inspirado
en el estilo toscano.
Este
exclusivo hotel-boutique de campo, se alza con magníficas
vistas en medio de una exuberante vegetación.
En el
restaurante La Casa de Lourdes, usted podrá disfrutar junto
a su familia o invitados de una deliciosa comida al estilo "Golosinas",
reconocido restaurante que marcó una pauta de alta cocina
en Panamá.
Sin duda,
en este lugar vivirá la perfecta armonía del entorno
y se deleitará con la atención personalizada que recibirá.
Habitaciones
El hostal aloja cada una ocho confortables y refinadas
habitaciones.
Estas
habitaciones han sido decoradas con un estilo propio pensando en
su comodidad.
Los
Mandarinos tiene a su disposición cuatro modelos exclusivos
de habitaciones, que le garantizarán una estadía cómoda
y placentera.

Los huéspedes de La Casa de Lourdes disfrutarán de
una experiencia íntima con la naturaleza.
Restaurante
En La Casa de Lourdes usted podrá degustar las
delicias de la cocina de Lourdes de Ward, una de las propietarias
del establecimiento, la cual se caracteriza por una amplia variedad
de platos exóticos y exquisitos postres.
Venga
y pruebe uno de los platos especiales de la casa:
¿Cómo
llegar?
Los Mandarinos y La Casa de Lourdes en El Valle de Antón,
se encuentran a dos horas de la ciudad de Panamá.
Teléfono:
(507) 983-6450
E-mail: info@lacasadelourdes.com
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La iglesia
histórica de Colón y su conexión con la Catedral
de San Patricio
Por
Howard V. Walker
¿Cuántas
iglesias han sido construidas por una empresa de ferrocarriles?
No muchas, supongo. El ejemplo notable de Panamá se encuentra
en Colón, la terminal caribeña del Canal. Llamada
con toda propiedad Christ Church by the Sea (la Iglesia de Cristo
Junto al Mar), se encuentra sobre el borde de la costa, un viejo
testigo del cambiante panorama de embarcaciones llenas de contenedores
que se dirigen desde y hacia las siempre activas esclusas de Gatún.

Iglesia
de Cristo Junto al Mar –que necesita
desesperadamente una restauración.
La vida
y época de esta estructura de piedra del s. XIX, en un adaptado
estilo gótico-victoriano está firmemente cimentadas
en la historia de Panamá. Fue particularmente en aquellas
décadas de mediados de los 1800s cuando grandes empresarios
norteamericano competían agresivamente por la ruta del comercio
en Panamá. William H. Aspinwall, uno de los constructores
de la Iglesia Episcopal de Cristo, era un miembro prominente de
este grupo.
Considerado
uno de los hombres más ricos de su tiempo, y consciente de
la necesidad de una ruta trans-ístmica, formó, junto
con sus socios, Chauncey y Stephens, la Compañía del
Ferrocarril de Panamá. Los trabajos de colocación
de rieles concluyeron en 1855. El tiempo era perfecto, y la empresa
obtuvo grandes ganancias durante la Fiebre de Oro de California,
cuyos busca fortunas prefirieron con vehemencia esta manera segura
y rápida para trasladarse desde la costa este y oeste de
los Estados Unidos (esto no es motivo de sorpresa, considerando
el hecho de que el viaje terrestre a través de Norteamérica
tomaba, en aquellos días, entre cuatro y seis meses en carruaje.
Un viaje peligroso en el que sólo el 10% de los viajeros
llegaba a su destino)
Cuenta
la historia que Aspinwall era un hombre devoto y exitoso hombre
de negocios; de allí su deseo de construir una iglesia en
la ciudad que, por un período, fue bautizada con su nombre.
Ciertamente que para él no fue difícil encontrar a
un arquitecto. Su yerno era el famoso diseñador James Renwick,
quien estaba casado con su hija, Anna Lloyd Aspinwall.
La carrera
de Renwick como arquitecto inició en la cima. Nacido en el
seno de la clase alta estadounidense, Renwick, con sólo 24
años de edad, fue comisionado para la construcción
del Grace United Church de Nueva York. Esto era considerado un gran
logro en aquellos días, aunque la obra fue eclipsada 15 años
más tarde, cuando el arquitecto fue contratado para la construcción
de la internacionalmente reconocida Catedral de San Patricio, sobre
la Quinta Avenida de Nueva York.

La famosa iglesia gótica de
Colón es consecuencia de la construcción del
Ferrocarril de Panama. |
Aunque
no existe certificación escrita, todo parece indicar que
Renwick tuvo que ver con el diseño de la iglesia de Colón,
tan íntimamente ligada a su familia. Construida en 1862,
muestra algunos de los detalles de su famoso estilo, entre los cuales
se mencionan sus "modernas" aplicaciones del concepto
gótico.
Gracias
a su construcción en piedra, la Iglesia Episcopal de Cristo
fue uno de los pocos edificios que sobrevivieron al terrible incendio
de 1885, que arrasó con la ciudad, dejando sólo cenizas
en lugar de las débiles viviendas de madera que existían
en Colón hasta aquel entonces. En la actualidad, sus feligreses
aún son en su mayoría de origen antillano, los descendientes
de los habitantes de aquellas casas de madera y de los trabajadores
que construyeron, industriosamente, el ferrocarril y los dos proyectos
del canal interoceánico. Los servicios religiosos son en
inglés y español.
Declarado
monumento nacional por el Instituto Nacional de Cultura, la Iglesia
Episcopal de Cristo Junto al Mar necesita ser restaurada y reparada
con urgencia. Desafortunadamente, el honor de la designación
no ha traído la suficiente asistencia financiera para la
existencia continua de la iglesia. Para esto se requiere del papel
activo de la empresa privada e individuos, tal como se hizo cuando
la congregación fue dedicada al servicio del Señor.
Se requiere de nuestra acción ahora para asegurar que los
150 años de la iglesia, que se conmemoran dentro de breves
años, sean celebrados de la manera digna de la singular posición
que posee en el legado cultural y arquitectónico de Panamá.
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San Francisco
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Emblemático
barrio cambia de "look"

Una
casa de San Francisco. La operación del antiguo club de golf
atrajo a muchos residentes de clase acomodada.
El tremendo
auge en la construcción de rascacielos en la ciudad de Panamá
también ha acaparado a sectores que, hasta hace poco, eran
considerados barrios residenciales verdes, tranquilos y de baja
densidad. Uno de ellos es San Francisco, donde se levantan al menos
50 torres de concreto y acero, que rápidamente reemplazan
a los característicos chalés blancos y de techos de
teja roja.
Una de
las comunidades más prósperas de la capital, San Francisco
fue en sus inicios un pueblo de pescadores pobres, quienes habían
sido trasladados al sitio desde el sector conocido como la Exposición
(actual centro de la ciudad) durante el gobierno del Dr. Belisario
Porras a principios del s. XX. Conocido como San Francisco de La
Caleta, el pueblo pronto fue absorbido por la creciente ciudad,
y con el tiempo llegó a ser uno de sus corregimientos.

Auge en la construcción. Parece ser que se construye
un rascacielos en cada esquina de San Francisco. |
El establecimiento
del primer campo de golf de la ciudad atrajo a muchos residentes
pudientes a San Francisco, quienes construyeron espaciosas mansiones
a lo largo de verdes avenidas: El Golf. También siguieron
el ejemplo familias de clase media, quienes se establecieron a lo
largo de la actual Vía Porras y hacia la parte sur de la
comunidad.
Aunque
la lujosa Punta Paitilla es oficialmente parte de San Francisco,
es muchas veces cosiderada otro sector de la ciudad, ya que empieza
a desarrollarse hacia 1970.
El rápido
crecimiento del corregimiento relegó a sus residentes originales
a Boca La Caja, sobre la playa, barrio que contrasta con los grandes
edificios de un nuevos rascacielos de Punta Pacífica.
San
Francisco, entonces, se convirtió en un barrio "de moda"
–una ciudadela verde rodeada por la selva de concreto. Sus
dos principales puntos de referencia son:
El parque
más grande de la ciudad de Panamá (después
del Parque Natural Metropolitano), el Parque Omar es el sitio favorito
para la práctica del jogging entre los capitalinos. Allí
podrá encontrar a prominentes figuras del gobierno y celebridades
locales haciendo ejercicios en horas de la mañana o por las
tardes. Hay juegos para niños, áreas para merendar,
senderos, instalaciones deportivas y una piscina olímpica.
La Biblioteca Nacional de Panamá tiene su sede en el parque,
que es también el escenario de presentaciones musicales y
teatrales, especialmente durante la estación seca (enero-abril).

El Parque Omar: popular centro para hacer ejercicios y esparcimiento.
El Paque
Omar fue la sede del Club de Golf de Panamá hasta principios
de los años 1970. Aunque su nombre ha cambiado en varias
ocasiones durante los últimos 30 años, no pocos aún
conocen el parque como el "Club de Golf". Su entrada principal
se encuentra sobre la Vía Porras, cerca del Centro de Convenciones
Atlapa.
Centro
de Convenciones Atlapa: Construido a mediados de los años
1970, Atlapa es el principal centro de eventos y conferencias del
país. Una gran cantidad de conciertos, obras de teatro y
exposiciones se llevan a cabo anualmente en este recinto, desde
grandes ferias internacionales hasta conciertos de música
clásica o pop.

Alrededor de 50 nuevas torres se están
construyendo en San Francisco.
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El factor
asiático de Panamá

El Sr. Julio Yang, propietario de
un restaurante chino en el Dorado. |
La comunidad
china de Panamá es fuerte. Los descendientes de los primeros
culíes que llegaron durante la construcción del Ferrocarril
de Panamá están celebrando 150 de presencia en el
istmo con una gran serie de actividades.
Los
primeros inmigrantes chinos de Panamá pasaron tiempos difíciles.
La nostalgia, las barreras culturales y las enfermedades tropicales
los diezmaron y, según la leyenda, algunos de los que no
murieron por las fiebres, cometieron suicidio en masa. Pero muchos
de ellos sobrevivieron y encontraron su nicho en la sociedad panameña,
convirtiéndose en prósperos empresarios, tanto en
las ciudades de Panamá y Colón como en el resto del
país.
Gracias
a la fuerte inmigración asiática, los panameños
aprendieron a comer (y a amar aõsoz, el elemento más
importante de la dieta del país. La gran variedad de mercancía
seca, aparatos electrónicos y ropa que se vende en la Avenida
Central proviene, en gran parte, de los puertos de Hong Kong o Taiwán.
Existen
dos “barrios chinos” en la ciudad de Panamá.
El primero, con sus elegantes entradas donadas por el gobierno de
taiwanés, fue oficializado en los años 1990 y se encuentra
en el corregimiento de Santa Ana, a lo largo de la Avenida B, un
tradicional enclave chino en la capital. Guardando un cierto aire
a los mercados del sureste asiático, el área es recomendada
para los aventureros y todos aquellos que buscan lo exótico.
El segundo
barrio chino (no oficial) apareció casi durante la última
década en El Dorado, un moderno sector de clase media donde
bancos, tiendas de video, clínicas, restaurantes y una larga
lista de comercios ofrecen sus servicios a la creciente población
china del sector y a sus visitantes.
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