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Panama Sailing School |
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¡A navegar un velero! |
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Por: Jim Sellars
Se escuchó un grito, "Delfines!" y todos fuimos a la rienda del bote para darle un vistazo a las hermosas criaturas jugando con las olas que creaba nuestro navío. Navegamos desde el Archipiélago de Las Perlas hacia la Ciudad de Panamá, el último tramo de nuestro viaje ofrecido por el Panama Sailing School. Nuestro bote, un Island Packet de 37 pies, estaba finalmente moviéndose por el agua como un tren bala. Nosotros tres, de nosotros quienes estábamos inscritos en el curso de inmersión pasamos 6 días en el mar. Ahora todos éramos marineros, habiendo aprendido todo de nuestro instructor y capitán Marcos Villegas. Aprobamos nuestros exámenes y ahora nos sentíamos como en casa a bordo del bote. La Escuela de Navegación de Panamá (Panama Sailing School) es nueva en la ciudad de Panamá, y es la creación de Sahika Riley, una mujer energética con considerable talento y tenacidad. En el "mundo para hombres" de la navegación por mar al igual que en Latinoamérica, se está desarrollando un negocio que promete despegar en atención cuando el público se entere del entrenamiento ofrecido por profesionales acreditados. El programa requiere esfuerzo y un grado de estudio para triunfar en esto, pero los instructores del Panama Sailing School inspiran confianza inmediatamente para aprender y triunfar en esta aventura desafiante. La recompensa que uno siente al completa los exámenes con una aprobación y un diario de marinero en mano es extraordinario.
La vida es corta, y hay ciertas cosas que uno tiene que tomar el tiempo para hacerlas solo por diversión y por el desafío. Aprender a navegar en Panamá tomó el sentimiento de urgencia en nuestras vidas. Había momentos en los cuales fue difícil mantenerse aislado, el mundo parecía tan en paz. Pero después el hilo de la caña de pescar se disparaba hacia el agua y saltábamos para traer otro pez de nuestro equipo de campo."Sushi" fresco de la popa nos hizo reír a todos. Más tarde, un plato de pasta hecho desde cero, nuestra atrapada cortada en pedazos y bañada en salsa marinada, ¡nos hacía agua la boca! Una noche encontramos un pequeño puerto en las costas de Isla Contadora, la isla con más habitantes en Las Perlas, en donde el Shah de Irán pasó sus últimos días. También es la isla en donde los contadores y gerentes de negocios de los conquistadores españoles contaban y disfrutaban de las ganancias de la explotación. De allí proviene su nombre – "Isla Contadora." Los barcos llenos de oro y plata de Perú desembarcaban su cargamento en la isla, donde era catalogado y después transportado a Panamá antes de seguir con su viaje a España. Hoy en día botes como el nuestro con banderas de Francia o Suiza pueden desembarcar en este muelle recluido. Pero la aventura, romance y magia aún se sienten. Jamie, un doctor de Australia, tocó su guitarra para nosotros en la cubierta mientras contábamos historias y tomábamos tragos fríos bajo el cielo estrellado sobre nosotros, lejos de la las luces de civilización. La mañana olía a café en aire fresco, lleno del canto de aves marinas planeando en busca de pescado. Repasamos el plan de entrenamiento para ese día mientras desayunábamos. Lauren, una bella e inteligente joven de California nos entrenó para ser un éxito como grupo. Estábamos en un curso de entrenamiento intenso – no un viaje de placer, había libros que estudiar y nudos que practicar. Estudiamos mapas y tablas de mareas y repasamos cómo recoger el ancla. Pero primero tomamos el bote de emergencia a la isla para comer helado en la tienda del pueblo y darnos un refrescante baño antes de zarpar. Piedras hundidas, mareas y corrientes determinaron nuestro curso hacía nuestro próximo destino cerca de la isla de Pachequa. Otro pez fresco en vías al canal entre las islas y planeamos la cena. ¡Qué vida! Delfines nos pasaban a los lados ya entrada la tarde, mientras nos relajábamos con nuestros exámenes de práctica. Otra noche bajo las estrellas, tan brillantes que eran hipnotizantes. Fue una imagen fina, realidad ideal que quise que durara toda una vida.
En un abrir y cerrar de ojos ya era medio día y navegábamos más allá del horizonte donde estaba la ciudad de Panamá y hogar, dulce hogar. Nos movíamos a siete nudos con un cuarto de rueda de casquilla de clima. Chocando contra las corrientes y surfeando sobre la cima de las olas, deslizándonos de lado a lado por las olas, fue un emocionante pasaje y mucho trabajo de cambio, el tipo de trabajo que trae una sonrisa en la cara con solo pensarlo. Finalmente llegó a su fin con la captura del amarre, nuestro bote fue amarrado al mismo y la oscuridad cayó mientras salíamos, cada uno de nosotros de vuelta a nuestras vidas, las cuales habíamos dejado atrás hace solo unos cuantos días. Le doy las gracias al Panama Sailing School, al Capitán Marcos Villegas, mis compañeros Lauren y Jamie, por una experiencia maravillosa, recuerdos, y una sonrisa que tomará mucho tiempo en irse. Visite www.panamasailingschool. com para tener una experiencia educativa que jamás olvidará. Este artículo fue escrito por Jim Sellars, usted puede leer más acerca de sus experiencias en www.wealthmanagementcanada.com. |
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