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Parte dos

Presenciando una ceremonia tradicional en Kuna Yala

Texto y fotos por Jacob Ehrler

En Kuna Yala el sol es nuestro des-pertador. Nuestro día comenzó con un desayuno de huevos con jamón, café y tostadas mientras que Henry nos expli-caba lo que tenía planeado para el día. Viajaríamos a una isla cercana adonde los indígenas celebrarían la pubertad de un niño y una niña que cumplían 13 años. De momento pensé que la celebración sería como un bat-mitzva o un quince años.


Una joven trabajando su mola.

La isla que visitamos tenía una costa poblada de casas con pangas que se asomaban con curiosidad entre los baños construidos sobre pilares. Las casas con paredes de bamboo y techos de palma seca formaban un laberinto de calles en la isla.

Al llegar nos recibieron en la casa de una familia que nos prepararon pollo frito con Fruta Pan frito y una ensalada de tomate. El Fruta Pan es abundante en San Blas y los indígenas lo fríen o hier-ven para servirlo como acompañamiento en sus comidas.

Al terminar nuestro almuerzo Henry nos guió hacia el centro de la aldea. Me sentí como un gigante caminando entre los indígenas que nos acompañaban. La mayoría eran niños haciéndonos parecer una procesión mientras nos dirigíamos al centro de la aldea. Mientras pasába-mos entres las casas, los Kunas nos saludaban con grandes sonrisas y luego retornaban a sus labores cotidianas.


Los niños Kunas se emocionaban al haber una
visita foranea en su isla.

Los hombres y mujeres tenían entra-das separadas a la estructura adonde se realizaría la ceremonia, así que nos separamos y yo entré con los hombres a sentarnos en unas bancas largas las cuales estaban muy cerca del piso. Al otro lado del cuarto semi-oscuro observé mientras mi mamá era acompañada por varias mujeres Kuna, le habían dado el adorno tradicional de tela roja que ahora adornaba su cabeza para la ceremonia.

Henry nos mencionó que todos hablaban de nuestra presencia en el lugar. Miré alrededor del cuarto y vi muchas caras sonrientes e interesadas por la presencia de dos personas del extranjero. Un hombre Kuna circuló por el cuarto mientras le pintaba un dedo del pie a cada hombre con un tinte rojo que permanecería en nuestra piel por dos días. Luego los hombres quienes estaban sentados en el centro del cuarto también circularon y soplaron humo de hojas de tabaco en las caras de todos los invitados lo cual me causó mareos.


Casas bordean los límites de la isla inhabitada.

El deseo de los Kunas por mantener intacta su cultura y sus islas sin que sean influenciadas por fuerzas extranjeras, es algo indiscutible y noble.

Después grupos de hombres se pararon y tomaron un jugo de caña fermentado el cual, según nos informó Henry, había sido custodiado por varios hombres por muchos días. Al terminar la bebida se movían al centro del cuarto y bailaban en un círculo cantando en voces altas y luego cambiaban de dirección cantaban más y paraban para tomar un poco más del jugo.


Dos jóvenes Kuna contemplan camisas de la candidata
presidencial Balbina Herrera.

Un hombre se me acercó y me pintóla nariz y los pómulos. La gente en el cuarto se rió y Henry se percató que me estaba cansando de estar sentado y le señalo a las mujeres que estaban del otro lado del cuarto con mi mamá. Al salir fuimos recibidos por muchas personas que habían llegado de islas cercanas y lejanas pertenecientes a la Comarca para celebrar el festival de la pubertad. Nos explicaron que cuando un Kuna pasa a ser adulto se le hace una celebra-ción que dura todo un fin de semana y que esta celebración es pagada a través de la venta de pescado realizada varios meses antes de la fiesta. También nos contaron que los amigos de la familia son los que compran más pescado para patrocinar la fiesta.


El autor después de la ceremonia con
su cara pintada.

Nunca pudimos ver al joven y a la jovencita que iban a participar en la ceremonia, pero nos hizo muy feliz haber podido participar en la ceremonia Kuna gracias a nuestro guía Henry. Nos despedimos de nuestros anfitriones por el día y mientras nos dirigíamos en una panga motorizada a nuestro hotel reflec-cionábamos sobre lo diferente que es la vida de la comunidad Kuna a sólo 30 minutos de la ciudad en avión. De esta manera nos dimos cuenta que el deseo de los Kunas por mantener intacta su cultura y sus islas sin que sean influen-ciadas por fuerzas extranjeras, es algo indiscutible y noble.

Henry puede programar viajes para cualquier interés en las islas de la Comarca. Las opciones incluyen la pesca, buceo y hasta poder ir de isla en isla para buscar las mejores (y mas caras) molas del mundo. Es debido men-cionarles que las mujeres Kuna conser-van las molas más preciosas apartadas para aquellos viajeros que vienen a Kuna Yala específicamente para comprarlas.

¡Henry hasta nos contó sobre algunos cuentos de personas que han encontrado oro español! Llamen a Henry Harrison al 6749-6542.

 
 




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VOL. 14 #12 -- Apr./ Abr. 18 - 24, 2008