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Tour de adrenalina |
Por Jacob Ehrler El deportista extremo Javier Romero tomó su pasión personal y la llevó a algunos de los ríos más desafiantes de Panamá en 1994 cuando empezó Aventuras Panamá, el líder del país para los que denomina “Aventureros Hardcore.” Un verdadero pionero, Romero fundó su compañía en un momento donde no había una industria de turismo claramente definida en su país, y así continúa ese espíritu en su compañía el día de hoy, aventurándose en territorios panameños nunca antes explorados. El Visitante se juntó con Aventuras Panamá para hacer un viaje al este de la provincia de Panamá. Río Mamoní fue nuestro destino final, y aunque solo estábamos a una hora de la ciudad de Panamá, se sintió como si estuviéramos a un mundo de distancia de la metrópolis. Nuestro grupo se cambió del transporte de turismo a vehículos 4x4 para subir la nueva carretera que da a las montañas bajas que dividen a la Comarca Kuna Yala de la Provincia de Panamá. Después de una rápida lección en remar a bordo de nuestros botes inflables en la parte calmada del río, nos encaminamos hacia el primer juego de empinados, 2 personas por bote. Nuestro guía nos dijo: “El río es poco profundo ahora mismo por ser verano, así que eso significa dos cosas: el río es más gentil ahora mismo, pero también significa que hay muchos más parches poco profundos, así que cuidados con las piedras. Si se chocan con una – y lo harán – acuéstense hacia ella y serán empujados por la fuerza del agua. Tenía razón pero cuando nos escapamos de la primera piedra que se puso en nuestro camino, ¡terminamos navegando el resto del rápido de espaldas! Teniendo otro guía para seguir al grupo definitivamente calmó los nervios. A lo largo de la primera parte del río, los rápidos fueron largos pero tenían un descenso gentil para que pudiéramos acostumbrarnos maniobrar el bote cuesta abajo y de frente. También hubo mucho de que ver en las partes quietas del río mientras remábamos, docenas de garzas hicieron un espectáculo para nosotros, volando entre los arboles a las orillas del río. Nuestro almuerzo fue bien merecido. Llegamos a una área arenosa a orillas del río para estrechar las piernas. En pocos minutos se nos ofreció un bufet de emparedados puesto en una mesa improvisada– una balsa puesta al revés. Fruta fresca, dulces y agua también mantuvo al grupo ocupado antes de seguir intercambiando historias acerca del primer tramo del viaje y darse un chapuzón en el río.
Nuestro guía nos hizo saber que el próximo tramo del viaje sería el más emocionante, y que tendríamos que remar duro y aplicar lo que se nos había enseñado en los rápidos más calmados. Antes de entrar a los rápidos categoría tres nuestro guía nos dijo el plan de acción para después mandarnos una balsa a la vez. “Y si se caen del bote – y puede que pase – tómenlo con calma. Vayan con el agua y no peleen. Están usando salvavidas por algo,” dijo. El agua mece y pega contra la balsa constantemente, así que mantener la trayectoria en mente a todo momento es crítico. Si se va por el lado equivocado de una roca, uno se podrá encontrar atascado entre dos rocas. Después nos topamos con una furiosa cascada. Estoy feliz en reportar que desembarcamos y pusimos nuestras balsas sobre inmensos bloques para ir al siguiente rápido, uno de categoría cuatro. Nuestro guía hablaba en serio, explicando que una vez que llegáramos a la curva, debíamos remar los más fuerte que pudiéramos para así tener más velocidad antes de bajar el rápido y echar nuestros cuerpos hacia adelante mientras caíamos. Adrenalina pura imperó sobre todos los miedos mientras salimos de entre las rocas y hacia la corriente del río. Cuesta abajo, nos percatamos de un guía parado sobre una roca, listo para saltar al agua de ser necesario. Fue bueno verlo allí.“Wiski!” nos tomó una foto. Chocamos contra el agua después del rápido con el bote intacto y nosotros ilesos, todo risas y sonrisas. Para el siguiente rápido, nos fuimos de largo en la curva y no tuvimos la suficiente velocidad mientras descendíamos sobre el siguiente rápido. Ni siquiera sentí el bote separarse de mí. Mis ojos se pelaron y todo lo que podía ver eran burbujas blancas mientras trataba de determinar hacia dónde era para arriba. “Tómalo con calma,” recordé con una carcajada interna. Segundos después subí a la superficie. Tratando de quitarnos el agua de los ojos, mi compañero de balsa y yo nos señalamos al igual que al guía para asegurar a todos que estábamos bien. El resto del río fue calmado y escénico. Hasta vimos
a un perezoso trepado en su árbol al acercarnos al punto donde
nos recogerían. El grupo estaba tan cansado de nuestro día
de rafting que la mayoría de nosotros nos dormimos durante el
corto viaje de vuelta a la Ciudad de Panamá. El viaje al Río
Mamoní con Aventuras Panamá fue un gran escape de la ciudad
y una aventura emocionante para aquellos que bucan un rato verdaderamente
extremo. Contáctelos llamando al 260-0044 para averiguar todo
acerca de sus destinos excitantes o visite |
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